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1. Una canción es algo más que un verso loco por dar la nota destemplada, un lifting en la chepa del Inserso, un hip-hop, un perreo de matinada.
Una canción es un dolor que cura, una lengua de gato malparido, la lava de un volcán en miniatura, un solo de domingo sin partido.
Puede ser himno, réquiem, melopea, cita a ciegas del tímido y la fea, consuelo al por menor, cielo pagano.
Bálsamo, tragaluz, anfetamina, una canción es una golondrina que, milagrosamente, hace verano.
2. Una canción es un pero a la izquierda, un labio para el sabio que no toca, un corazón que gana manque pierda, una fulana, un don que se equivoca.
Una canción se muere por cantarte las cuarenta versión sesenta y nueve, una canción por desamor al arte, póstumo cantautor, eppur se mueve.
Una canción es una epifanía de sobras, de fartas de ortografía, jirón del edredón de la memoria,
una canción es un turbante en bruto, un bujarrón, que, en menos de un minuto, te hace una paja sin hacer historia.
Parnasillo, febrero de 2006Como quien viaja a lomos de una yegua sombría, por la ciudad camino, no preguntéis adónde. Busco acaso un encuentro que me ilumine el día, y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden. Las chimeneas vierten su vómito de humo a un cielo cada vez más lejano y más alto. Por las paredes ocres se desparrama el zumo de una fruta de sangre crecida en el asfalto. Ya el campo estará verde, debe ser Primavera, cruza por mi mirada un tren interminable, el barrio donde habito no es ninguna pradera, desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría. Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido, que viene de la noche y va a ninguna parte, así mis pies descienden la cuesta del olvido, fatigados de tanto andar sin encontrarte. Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarriLlo, ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama; me enfado con las sombras que pueblan los pasillos y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama. Trepo por tu recuerdo como una enredadera que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy esa absurda epidemia que sufren las aceras, si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría. Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía y en la escalera me siento a silbar mi melodía
Joaquín Sabina
Del disco Malas compañías I. A mi espalda un Titanic de secano que zarpa en plan crucero ultramarino, a mi vera un Varona mexicano, un Getafe, una rubia, un Borsalino.
En frente... ¿qué sé yo?, vomita y vete si abjuras del mester de germanía, miércoles, jueves, viernes, sabadete, domingo, lunes, martes, todavía
gritando al por menor, líbero en zona, colitis caganera Barcelona, fallándole a mi brother Buenafuente.
Zapatero le ilustra los zapatos, a las liendres del Cid, a Mazagatos, a Chávez, al Borbón, al pretendiente.
y II Roquetas... un hilván con dos Pilares: ménage a trois, Buñuel, Goya, la Maña, Valladolid, Logroños tan impares, Valencia, Palma dos, máter España.
Hablo de vos, de tan muchitos pocos criaturitos de dios sin enfermera, divorciados, febriles, calvos, locos, sin falos, ni misiles, ni bandera.
Rubalcaba y Piqué juegan al tute, huérfanos de un arcano incandescente, contamina o revienta, dijo el Lute.
No compares soplón con delincuente, no es igual Moratinos que Matutes no es lo mismo la chusma que la gente.
Toda la noche se vieron pasar pájaros, noviembre de 2005.
Sabina
Para Lázaro Cárdenas, presidente de México (1934-1940), refugio de españoles republicanos, a quien homenajeamos estos días en Madrid.
Perdone, mi general, la cochambre del vencido, entre matambre y mezcal de ultramar vuelve el corrido marinero que sembró Veracruz con polizones, cuando las desinrazones de san Lázaro querido zurcieron un “tú soy yo” tricolor contra el olvido.
Listillos Trillos de baba, el Peje no es Rubalcaba.
Los mudos saben cantar, si prendo fuego me quemo, los muertos van a votar, para robarle a Cuauhtémoc la banda presidencial. Torvo PRI con telarañas, traidor a quien, en la saña cainita del treintaiseis, diole cobija a la grey canija de las Españas.
Garrulos tontos del culo, el estatut no es un zulo.
Tanto académico agobio, tanta fulana de tal, se condecora el oprobio, la gloria es un animal en cielos tan kamikazes. Los tratados y las paces del cristo del buen pecado los arrasó el temporal. Lázaro resucitado, ¡cuánta fartita nos haces!
Ni mapas, ni matasellos, ni Chiapas, ni Paracuellos.
Tlatelolco, octubre de 2005 Sonetos crepusculares ( Agosto ' 04 )
1. Por calderilla
Mejor será callarse de una vez por todas, al carajo la poesía, si es ley que por la boca muere el pez, yo vivo de prestado todavía.
Lo firmo contra nadie y a favor de la diosa razón, laica matrona, que amortigua el silencio bienhechor que grita alrededor de mi persona.
Con lo que me excitaba discutir, qué desastre, en lugar de maldecir, dejar morir la muerte sin guerrilla.
Con lo que me gustaba decir no, qué marrón admitir que el propio yo, se cuelga en internet por calderilla.
2. Playas del sur
Aquí me tienes, casi mineral, leyendo a Borges y pensando en nada, soñando que, al llegar la madrugada, me derrumbe otra dosis de Orfidal.
¿Qué fue de aquel cobaya de animal que se comía todo a dentelladas, que firmaba con sangre la balada malcriada del Bronx de Fuencarral?
Heme aquí, frente a un mar que no se moja, haciendo crucigramas en la hoja de parra que maquilla mi pasado.
Con malas compañías y buen costo, en las playas del sur hago mi agosto de narcotraficante derrotado.
Olímpicos sonetos (Agosto ' 04 )
1. Hasta la meta
Acrópolis con sauna p’Al Capone, medallas con padrino y alcahueta, canallas que diseñan los calzones de atletas con futuro en la bragueta.
¿A quién le importan Sócrates, Platones, faltas de ortografía, gamma, beta, controles antidoping? Mis cojones conocen un atajo hasta la meta.
Efebos con pecados veniales, ceñidos por laureles virtuales, esclavos del kung fu y el bakalao.
Y la peña, en lugar de hacerse pajas, mendigando en la tele las migajas de Ulises, Jenofonte y Menelao.
2. Espartatenas
El himno, el pasaporte, la bandera, son el único dios, la patria, el amo, el negro que naufraga en la patera será español si corre como un gamo.
La llama olímpica no hará carrera si no se va a la cama con su amo, si no alega, cruzando la frontera de Samaranch, que no le sobra un gramo.
Espartatenas, bienes gananciales que se disputan multinacionales de lycras, hamburguesas y basura.
Maratón, disco, salto, jabalina, la riqueza mass media es la ruina que mina el corazón de la cultura...
Mi primer pasaporte
Mi primera manzana se llamaba quién eres mi primera hipoteca se llamaba después mi primer laberinto se llamaba mujeres mi primer adjetivo se llamaba al revés.
Mi primera guitarra se llamaba extranjero mi primera moneda se llamaba real mi primer mandamiento se llamaba no quiero mi primer uniforme se llamaba papá.
Mi primer apellido se llamaba Martínez mi primer desconsuelo se llamaba Lulú mis primeros Abeles se llamaban Caínes mi primer don Quijote se llamaba Mambrú.
Mi primer espejismo se llamaba verano mi primera fulana se llamaba por fin mi primer pasaporte se llamaba Mariano mi primer aeropuerto se llamaba París.
Mi primera estación se llamaba horizonte mi primera venganza se llamaba perdón mi primer cigarrillo se llamaba Bisonte mi primer crucigrama se llamaba canción.
Ahora que no estás
Ahora que no estás el dolor deja paso a una antigua tristeza, va cayendo la noche, nadie llama a mi puerta, y me duerme el silencio como una madre buena.
La madrugada
Ese momento de la madrugada cuando ya se ha bebido todo el vino del mundo y no queda en el alma más que el terco deseo de dormir abrazado a un cuerpo conocido.
Nada hay en las calles que llene el corazón; lo sabes y no obstante un día y otro vuelves a ellas respondiendo a la voz de una oscura llamada, buscando acaso sólo renovar el calor del regreso a la casa y a la mujer que espera.
Pero no. Que mañana lo que nunca encontraste puede estar aguardando por ti en cualquier esquina.
Versos recitados de "Ahora que" Ahora que tengo un alma que perder Ahora que no te debo ni me debes Ahora que me perfumo cada día Ahora que nos mojamos cuando llueve Ahora que no te engaño todavía Ahora que parecemos colegiales Ahora que sale gratis ser feliz Ahora que no me culpas de tus males Ahora que me han devuelto el mes de Abril Ahora que nos besamos en los parques Ahora que hacemos tantas tonterías Ahora que estas a tiempo de olvidarme Ahora que no te quiero todavía
Presentación de "¿Quién me ha robado el mes de abril?"
¿Quién sangra por do más pecado hubiere?, ¿Quién me cambia por tul desilusión?, ¿Quién sazona el amor con alfileres?, ¿Quién me descorazona el corazón? ¿Quién quema relicarios, pilas, naves? ¿Quién alquila mujeres de alquiler?, ¿Quién ha sacado copia de la llave de los secretos de mi secreter?, ¿Quién oxida el limón de las campanas? ¿Quién se sabe perdido cuando gana? ¿Quién me ha metido el dedo en la nariz? ¿Quién roba, silva, reza, desayuna? ¿Quién planta girasoles en la luna? ¿Quién coño me ha robado el mes de abril?
Cuando tengas frío Usa mi llave cuando tengas frío, cuando te deje el cierzo en la estacada, hazle un corte de mangas al hastío, ven a verme si estás desencontrada.
No tengo para darte más que huesos por un tubo y un salmo estilo Apeles y páginas anémicas de besos y un cubo de basura con papeles.
Ni me siento culpable de tu lejos, ni dejo de fruncir los entrecejos que usurpan de tus ojos la alegría,
si quieres enemigos ya los tienes, pero si socios buscas ¿cuándo vienes a repartir conmigo la poesía?
Socorro pido
Si nos hundimos antes de nadar no soñaran los peces con anzuelos, si nos rendimos para no llorar declarará el amor huelga de celos.
La primavera miente y el verano cruza como un tachón por los cuadernos; la noche se hará tarde, tan temprano, que enfermarán de otoño los inviernos.
Cuando se desprometen las promesas, la infame soledad es un partido mejor que la peor de las sorpresas.
Si me pides perdón socorro pido, si te sobra un orgasmo me lo ingresas en el banco de semen del olvido.
Matar las tardes
Esta no es la embajada del reproche ni el vademécum de lo que perdí, para que llueva, para ser de noche, es condición sine qua non to be
or not to be, como intuyó el bolero calavera de un príncipe danés, se equivoca la urgencia y el te quiero que no vuelve la ausencia del revés.
Escribo solo para matar las tardes, por no ponerme a deshacer maletas, por no arrastrarme por las estaciones,
por no andar, como el rey de los cobardes, mustio, con un ramito de violetas, en el sepelio de las decepciones
Cajón desastre
¿De qué cojones puedo hablar esta semana,
si los tifones del azar me salen rana?
¿De la recopa en opa hostil de Florentino
contra la ropa Amancio añil de su vecino?
¿Del estatuto y la nación tonta de baba,
de Sisebuto, de Garzón, de Rubalcaba?
Andersen, tronco, qué danés tan merenguito.
Gravesen bronco, lo ciempiés no es lo Juanito.
Bombín, txapela federal amb barretina,
gora Chavela, Maragall no me la empina.
Salve Fernando, rey León contracorriente,
father Berlanga, Lucy, Bom, vuelve Torrente.
Cola plebeya en el museo queen Sofía,
la arruga es bella para el feo y el todavía.
Qué disparate, corazones todo a cien. Viva el tomate con pezones de Jaén.
Subsaharianos ahogaditos de Melilla.
Primos hermanos, cien negritos en cuclillas.
Esta es la crónica de un terco yo qué sé.
Balada afónica de un miércoles sin fe.
Jutlandia, septiembre de 2005
Del maestro Sabina
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